Fragmentos

Según el lugar donde nos encontremos, tendremos un determinado punto de vista respecto de algo. Así, los conceptos cerca o lejos, alto o bajo, varían según la posición en la que estemos ubicados respecto a los puntos de referencia; según aquello con  que lo comparamos; o dependen de las ideas sobre las  que nos basamos para afirmar nuestro punto de vista.
Éste puede, además, estar influenciado por la subjetividad de quien percibe, como lo es, por ejemplo, nuestro estado de ánimo.  El típico caso de ver el vaso medio lleno o medio vacío muestra, incluso, que una misma realidad puede apreciarse en forma distinta sólo por el hecho de cómo la percibamos según el estado de ánimo que nos embargue en ese instante: es que nosotros mismos podemos apreciar una misma realidad de diferentes formas, según “nuestro momento”.

" Al tiempo no le gusta que las cosas importantes se hagan sin él” (desconocido)



Las incógnitas que  tenemos acerca de nuestro origen; del espíritu; de la  existencia de éste; de su naturaleza; de cómo sigue la vida después de que nos morimos; de qué relación nos unirá con aquellos  seres que amamos, son pruebas de la existencia de esa verdad a la que aún no llegamos. Son pruebas, porque toda pregunta tiene su respuesta;  y son motivo para ir por esa verdad, sabiendo lo mucho que nos falta por descubrir, comprobar, aprender. Más tarde, deberemos aplicar ese bagaje a nuestra vida diaria para que en ella y en las de los demás exista  una mayor comprensión; para que fluya, aliviando los sinsabores que la realidad nos presente y permitiéndonos disfrutar al máximo cada instante, cada momento que el hoy nos regale.

" Nunca hay que pactar con el error, aún cuando esté sostenido por textos sagrados” (M. Gandhi)

" ...si se adopta un error, es que no se está suficientemente preparado para comprender la verdad…” (Allan Kardec)



No tenemos el destino marcado. Cada uno va delineando su futuro con las decisiones que toma hoy,  haciendo uso del libre albedrío que poseemos; pero andando por la vida nos pasan cosas, y las distintas vivencias que se nos presenten tendrán como sentido que tomemos lo mejor de cada una de ellas.
A  veces, el dolor que nos genera una determinada vivencia no nos deja ver qué aprendizaje nos puede estar brindando; pero suele pasar que al tomar distancia, sí se pueda apreciar la enseñanza. Muchas personas sacan cosas muy buenas de sí mismos a partir de una vivencia dolorosa. Seguramente, conocemos algunos casos de estos ejemplos de vida.
Ante cada situación que  nos plantea  la realidad, somos nosotros quienes decidimos cómo nos paramos o cómo nos hundimos frente a ella; si aprendemos o no; si somos capaces de ver el fondo del porqué y el para qué de aquella situación.



Uno suele esperar que todo funcione bien: en el trabajo, en el estudio. Que la salud y las relaciones con amigos y familiares sea ideal; estar bien económicamente; no tener conflictos… Entonces, si todo anda sobre ruedas y sin inconvenientes, estamos listos para “disfrutar de la vida”.
Solemos planear  las vacaciones –el merecido descanso- y pensamos en cómo vamos a disfrutar de la playa, del agua… (y ni siquiera sabemos si nos van a tocar días soleados). Planificamos mucho y concretamos poco en todos los órdenes, pensamos en el futuro, y sabe Dios si dispondremos de ese futuro. Sólo disponemos del ahora, del presente, y en muchas ocasiones no será un momento deseado, pero nuestra actitud y lo que hagamos tendrá influencia en nosotros y en los que nos rodean.

Es necesario ir aprendiendo y a la vez disfrutando...

“Disfrutar el mientras tanto”   (Jorge Olguín)



¿Qué más hay en el ser humano, además de toda esta estructura de ingeniería que lo conforma? ¿Semejante “ingeniería” desarrollada para armar una unidad biológica tal como el ser humano fue “montada” para que cada ser viviera y se desarrollara en  sólo setenta u ochenta años de vida? ¿Es suficiente ese tiempo, el tiempo de una vida, para abarcar todo lo que cada uno debería aprender y entender? ¿Tiene lógica que la realidad sociocultural y económica que a cada uno le toque al nacer determine, en gran parte, su desarrollo personal? ¿Qué más forma nuestra  realidad actual, como seres humanos que somos?

Algunos se han referido al espíritu, otros creen en su realidad.Otros sabemos y hemos podido comprobar la existencia del espíritu, de nuestro espíritu; de su andar eterno aprendiendo, evolucionando, dentro del Big Bang/Big Crunch (comienzo y final de este universo).



En el aprendizaje no hay límites –esto es sabido-, lo que implica que los conocimientos a los que vamos arribando son parciales, como también lo es la verdad que contiene ese conocimiento. De cualquier modo, nos servirá para ir más allá en nuestro aprendizaje. Entonces, muchas veces es necesario tener en cuenta el efecto que produce determinado conocimiento. En principio, un conocimiento puede sernos útil aún siendo parcial, ya que por ejemplo  un conocimiento que lleva a la superación personal es bueno en sí mismo, más allá de la parte de verdad que este conocimiento contenga. A cada momento, un paso determinado. 

“No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano. Creed únicamente en lo que vosotros mismos habéis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictamen de la razón y a la voz de la conciencia”

Siddharta Gautama (563-483 a.C)



La superación de  aspectos personales negativos,  de cuya posesión somos conscientes, es crecer, es aprender.  Debemos reconocerlos, enfrentarlos y superarlos. Podrá tratarse de la envidia, la ira, la intolerancia, la avaricia, el rencor… Aquello que nos es difícil,  que nos cuesta vencer: eso es lo que debemos superar. No hay que justificar nuestra inacción diciendo: “Y bueno, yo soy así”; ésta es una posición muy cómoda, pero no constructiva. Es necesario intentar cambiar, revertir y transformar esos malos sentimientos –a veces reflejados en acciones- en algo positivo; ello hará fluir otra energía en nosotros, que se reflejará en nuestro estado de ánimo y en la relación con los demás. Ahí está el comienzo del verdadero cambio, el que empieza por uno mismo.   Esto no es fácil, pero es posible.   

Lo fácil no suele ser importante.   (del autor)



Ocuparse del espíritu no es estar “¡¡¡OOMMM!!!” en un claustro; todo lo que hacemos cotidianamente puede tener espiritualidad según cómo lo realicemos.
Si actuamos como autómatas, no será más que una mera actividad; pero si somos conscientes de lo que estamos haciendo y la implicancia que ello tiene, tendrá espiritualidad.
Más allá de lo que sepamos respecto del espíritu, hay algo que podemos hacer ahora y a cada instante; no precisa de tiempo y nos lleva a vivir con espiritualidad cualquier cosa que podamos estar haciendo:      Practicar el estado de conciencia

No somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual, somos seres espirituales teniendo una experiencia humana.        Teilhard de Chardin.



Nuestros sentidos captan de modo limitado lo que nos rodea, y muchas veces no nos dejan “ver” datos de la realidad que existen, pero que no podemos percibir de manera corriente.
Es más: no aprovechamos al máximo nuestros sentidos, no los desarrollamos convenientemente. Un ejemplo  es una persona no vidente  quien, para comunicarse con el mundo que la rodea, logra desarrollar en mayor grado los otros sentidos, que le sirven para tener una mejor y mayor percepción de la realidad, aunque ésta sea captada de manera diferente.
Es decir que tenemos, en forma innata,  muchas aptitudes para la percepción; pero al no desarrollarlas, o al no vernos obligados a hacerlo por alguna circunstancia, no aparecen como tales. Somos limitados, y esas limitaciones  no nos dejan ver otras realidades que, por cierto, existen.



La mediumnidad  no es algo en lo que debamos creer; es algo que todos podemos y deberíamos experimentar, para comprobar que realmente es una herramienta que sirve para comunicar este universo físico, en donde estamos encarnados, con el universo suprafísico: el llamado mundo espiritual.



Un amigo cierta vez me preguntó: ¿Y qué aplicación  tiene esto de lo espiritual?
Le respondí:Tiene que ver con mejorar el aquí y el ahora, con una mayor comprensión.
Comprensión que debe extenderse al hecho de saber que cada espíritu tiene su tiempo de evolución y sus “momentos”, y que esto se refleja en el ser encarnado. Éste es el motivo por el cual tenemos valores tan disímiles y somos tan distintos; y es por esto mismo que debemos comprendernos, ayudarnos. Esta postura no implica aceptar lo malo, sólo comprenderlo.

Hacia arriba subes, hacia adentro te elevas      (Jorge Olguín)



La evolución del espíritu no es cosa aleatoria.
El espíritu tiene pleno e íntegro recuerdo de toda su existencia, desde que fue creado. Por tal motivo, sabe sobre todas sus encarnaciones, sobre todas las vivencias de esas encarnaciones; entonces, sabe  lo que tiene que aprender y cuáles deben ser sus siguientes pasos; cuáles son las lecciones pendientes;  y, si bien muchas cosas puede aprenderlas en su plano espiritual, el hecho de encarnar brinda otras posibilidades: experiencias que no son  posibles a nivel espiritual, ya que todo lo que pertenece a los  sentidos se experimenta a nivel físico. En los planos espirituales se percibe, se conceptúa, pero no se siente.



No debe tenerse como meta la EVOLUCIÓN en un sentido abstracto o teórico. Ella es la CONSECUENCIA de nuestros actos, de nuestros pensamientos. Ésta es la razón por la que nadie escapa a su dinámica, ya que evolución no implica creencia, ni conocimiento, ni dedicación específica: sólo es CONSECUENCIA de cómo actuamos, de lo que hacemos o dejamos de hacer.
De los cambios internos surgen los externos, y con ellos un mejoramiento en nuestra relación con los demás. Esto es algo que podemos hacer,  que está a nuestro alance: implica evolución y plenitud para la vida que tenemos hoy.
 La evolución es un camino, y nosotros sólo debemos recorrerlo con la atención puesta en el presente.   ( del autor)



Creer no deja de ser una posición cómoda: no nos obliga a más; no nos induce a buscar, a experimentar, a usar nuestra razón; nos condiciona y no nos lleva a obtener respuestas.
Obviamente, no todos vamos a tener los mismos objetivos; pero a quienes sí nos interesa llegar a respuestas, creer no nos alcanza. Debemos “andar” al ritmo que se pueda, sin pausa; y entonces llegarán las certezas brindadas por las experiencias vividas, el conocimiento adquirido, la razón,  la intuición…  y llegará el momento en que ya no necesitaremos creer, simplemente  sabremos.
Una religión es algo muy diferente de la espiritualidad. La esencia de cada credo o religión fue creada por los hombres; la esencia de la espiritualidad,  por Dios.



El camino que he recorrido me llevó a entender  la REENCARNACIÓN como un   sistema lógico y equilibrado, a través del cual el espíritu puede evolucionar y que, junto al  Karma –que  es la perfecta ley de equilibrio en nuestro universo-, orientan, ayudan al espíritu en su trayectoria evolutiva.
Karma es causa y efecto: todo lo que hacemos (la causa) tiene un resultado (efecto). Karma no es castigo, sino lección por aprender. Uno no tiene que pagar deudas, sino aprender a partir de sus propias experiencias.  El aprendizaje que debemos ir realizando en cada vida está regido por el Karma.



La reencarnación  da idea de equilibrio, de igualdad de oportunidades a lo largo de la existencia del espíritu, y demuestra que Dios no castiga, ni condena, ni premia. Somos nosotros mismos los que elegimos, y con ese libre albedrío de hoy, trazamos nuestro futuro. Por eso, no debemos temer a Dios; en todo caso debemos temernos a nosotros mismos, porque somos artífices de nuestro destino según nuestros actos, y podemos equivocarnos.

“Uno es esclavo de su irracionalidad y dueño de su cordura”.  (del autor)